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Diario español ABC retoma su puesto como punta de lanza de las campañas de la CIA contra Venezuela



El diario ABC de Madrid vuelve a tomar su rol como punta de lanza de la estrategia contra Venezuela, utilizando como ariete a su corresponsal Emili Blasco, un conocido operador de la guerra mediática, inocultablemente vinculado a la Agencia Central de Inteligencia (CIA).

 

 

A dos semanas de las elecciones presidenciales y ante la obvia incapacidad de la oposición abstencionista para boicotear el proceso, las fuerzas imperiales intentan emprender nuevamente campañas que ya han utilizado anteriormente contra el presidente Nicolás Maduro y sus principales colaboradores.

 

 

En la edición de este lunes 7 de mayo, el periódico ultraderechista español dedica su portada al vicepresidente Tarek el Aissami. La fotografía, a toda página, bien podría servir para ilustrar un trabajo acerca de un gerente exitoso, pero el titular es abiertamente difamatorio: “El número dos de Maduro, cerebro de los negocios sucios del régimen”.  En un sumario, con letras de gran tamaño, se señala que “Los servicios secretos occidentales  señalan al vicepresidente El Aissami como el creador de una red internacional de narcotráfico y lavado de dinero, y el artífice del asentamiento del Hizbolá en Venezuela”.

 

 

El oscuro rol de ABC

 

 

La conducta de ABC no es en absoluto nueva. Prácticamente desde el ascenso al poder del comandante Hugo Chávez ha sido un notable enemigo de los gobiernos venezolanos, recurriendo para ello a toda clase de rumores y falsedades que surgen de los laboratorios de guerra sucia de Estados Unidos y sus aliados.

 

 

El periodista español Fernando Casado hizo una verdadera disección de la deplorable de este diario, representante de la derecha franquista española. En un libro titulado El ABC de la CIA, Casado explica la forma como opera este medio de comunicación para lanzar o consolidar matrices de opinión contra Venezuela.

 

 

“La CIA, en realidad se esconde detrás del diario ABC, que actúa en una íntima colaboración con los servicios de inteligencia estadounidenses. La información procedente de la CIA es disfrazada con otras fuentes difusas cuya identificación se oculta”, indica el analista.

 

 

En el caso de la “denuncia” sobre El Aissami esto se aprecia claramente, pues se recurre al subterfugio de hablar de “fuentes de inteligencia occidentales” para no decir directamente que se trata de la CIA.

 

 

“Si el diario no ha revelado siempre el origen de la información proveniente de la CIA, es porque la misma carece de legitimidad hasta en los círculos más reaccionarios y de derecha por los obvios y reconocidos intereses que tiene de desestabilizar Venezuela. Luego de publicadas por el diario ABC, las informaciones de la CIA tienen difusión en otros muchos medios de comunicación. De esta forma se produce una especie de ‘lavado’ de la información de la misma manera que los narcotraficantes blanquean los capitales provenientes de la droga”, indica Casado en su investigación.

 

 

El papel de Blasco

 

 

Casado también analiza el papel del colaborador de ABC en Washington. “Despierta suspicacia que el corresponsal en Washington, Emili J. Blasco, haya sido el informante principal de lo acontecido en Venezuela y de la salud del presidente Chávez, tomando en cuenta que su fuente siempre ha sido la CIA. Pero además, en muchas ocasiones las notas firmadas por el periodista, que usan como fuente informaciones provenientes de este servicio de inteligencia, no las reconoce como tales en los titulares el medio, al mismo tiempo que tampoco se recurre al uso tipográfico de las comillas, con lo cual se editorializa la información para presentarla como propia y cierta, una aberración desde el punto de vista periodístico”.

 

 

En el libro se expone el modus operandi de la “lavadora” de información: “Primero la CIA elige un reportero como Emili J. Blasco, un verdadero mercenario de la pluma, a quien le pasan sus informes que tienen como objetivo mediante datos falsos y especulaciones desestabilizar a Venezuela creando una atmósfera de ansiedad e intranquilidad. Seguidamente, el reportero de ABC publica la nota eludiendo de la mejor manera posible nombrar la fuente, en lo que el diario en su conjunto es cómplice porque tampoco lo señala en el titular. Al ser la única fuente de información en la que se basa la nota, es indispensable una clara mención de su procedencia, especialmente en casos tan delicados como el que nos compete. El `lavado’ definitivo de la información se produce cuando otros medios (entre ellos todos los controlados por las oligarquías latinoamericanas) reproducen las piezas periodísticas de ABC, desapareciendo la mención a la fuente original de la CIA, y únicamente se hace mención para legitimar lo publicado al diario español como origen de la noticia”.

 

 

Aparte de la grave acusación contra El Aissami que acaba de publicar, y de las muchas informaciones tendenciosas que ese diario difundió durante la enfermedad del presidente Chávez, Blasco también ha lanzado otras temerarias denuncias, como la del supuesto procesamiento de uranio para el programa nuclear iraní en una fábrica de tractores en Venezuela.

 

 

Según Casado, Blasco ha terminado por convertirse en un “correveidile” de la CIA en lo que respecta a Venezuela. Uno de los motivos que puede haber tenido este periodista (aparte de sus endebles principios éticos) es la situación precaria en la que ha dejado ABC a sus antiguos corresponsales en otras naciones. Según pudo conocer el autor del libro, debido a sus problemas financieros, el diario español ha ido eliminando la figura de los corresponsales, sustituyéndola por la de colaboradores a destajo (llamados stringers en el argot de la prensa internacional). Estos profesionales no pertenecen a la nómina del diario, sino que cobran por material publicado, lo que los induce a manejar temas de manera sensacionalista para acumular más notas difundidas y mejorar sus propios ingresos.

 

“Se produce la precarización del periodista, que indudablemente se vuelve más vulnerable ante las presiones externas o del propio diario. No obstante, la situación de precariedad no es excusa para vender la ética periodística y convertirse en un terrorista de los medios de comunicación al servicio de la CIA, que realiza una guerra psicológica en contra del gobierno y pueblo de Venezuela de forma sistemática. En el caso que nos compete, podemos imaginar que el trabajo mercenario de Emili J. Blasco, le ha reportado inmensos beneficios. Gracias al reciente cambio de estatus, de corresponsal por colaborador, y pese a estar en Washington, cada nota escrita sobre Venezuela le ha reportado ingresos que por el elevado número de notas han supuesto sin duda grandes sumas. El sensacionalismo, las mentiras y la colaboración con la CIA, se acaban convirtiendo en un lucrativo negocio”, indicó Casado en su libro.

 

Fuente/LaIguanaTV